
Wangari Maathai es una científica africana que ganó el Premio Nobel de la Paz debido a su lucha contra la deforestación de África. A través del movimiento Cinturón Verde que fundó, logró plantar 30 millones de árboles en Kenia. El desafío que asumió está bellamente contado en este libro de Jeanette Wintter (Editorial Ekaré) que educa sobre la protección del medio ambiente y muestra a una heroína real, una mujer decidida, culta y con convicciones. En esta columna, la destacada actriz Adela Secall cuenta por qué este es uno de sus libros favoritos y qué espera poder enseñarle a su hijo a través de él.
Por Adela Secall
A veces, por muchas ganas que tenga de entusiasmar a mi hijo con un libro que me vuelve loca, eso no resulta. Lo que hago entonces es guardar el libro, esperar unos meses y volver a intentarlo. Eso me pasó con Wangari, la mujer que creó una red de mujeres en África para salvar los árboles de Kenia. Mi hijo no enganchaba… pero paciencia, es cosa de tiempo.
El libro lo encontré en una librería en la Plaza Mori que tiene muy buenos textos. Dudé en comprarlo ya que mi hijo no me pescó y costaba $10.000, pero sobre todo dudé porque tiene la imagen de un policía llevándose detenida a la protagonista por luchar y protestar contra la tala de árboles. Me pregunté si era el momento que viera eso. Pero después me di cuenta que esta era una buena manera de empezar a mostrarle la realidad a mi pequeño de 3 años. Mucho mejor que solo con palabras, sobre todo a él que es tan bueno para preguntar y ya me ha hecho responderle ¿por qué tenemos que cuidar el agua? o ¿los policías son malos o buenos?
Y sí, también quiero que él defienda la tierra, los árboles, el agua, los glaciares. No basta con reciclar en la casa separando basura, tenemos que acercarlos a la verdad para que esa defensa les salga desde adentro. Claro que hacer eso es más difícil que no hacer nada, pero ¡vamos que se puede!
Es cierto que cuesta encontrar libros que hablen de temas como la preservación de la semilla, la igualdad de género, los derechos humanos. Sin embargo, existen. Y afírmate cabrito, que cuestan caros… pero tenemos que hacerlo.
4. WANGARI Y LOS ÁRBOLES DE LA PAZ
3. EL CORAZÓN Y LA BOTELLA

Oliver Jeffers (33) es uno de los más jóvenes y exitosos autores de literatura infantil del momento. Tiene media docena de textos y uno de ellos, “el Increíble niño comelibros”, es un best seller mundial. En Chile hay varios de sus textos, todos editados por Fondo de Cultura Económica. Son bellos libros álbum, donde los protagonistas son niños curiosos embarcados en descubrir aspectos del mundo. El último libro que llegó a nuestro país, “El corazón y la botella”, es una notable historia donde una niña se enfrenta a la muerte. Las reseñas en Internet suelen catalogarlo como un texto a partir de los 5 años, pero lo cierto es que se puede leer y re interpretar durante varios años, pues la cuerdas que tañe aquí son parte de la música de toda la vida: cómo superar la muerte, cómo evitar el sufrimiento cuando pierdes a alguien, cómo le encuentras sentido a la vida de nuevo.
La trama es muy simple: Una niña pequeña comparte sus emociones y sus esperanzas con un personaje que puede ser su abuelo o su padre (cada niño interpreta esa figura de manera distinta). Un día, el sillón donde ese personaje se sentaba está vacío. Y la niña decide poner su corazón en una botella para no sufrir. El sufrimiento de la pequeña no se explica con texto sino con la imagen del sillón en la penumbra y de la niña sentada mirando esa ausencia. A la página siguiente la niña toma su corazón y lo pone en una botella. La imagen va acompañada de este texto: “Entonces se sintió insegura y pensó que debía poner su corazón a salvo”.
El dolor se deduce, es una vía que hay que decodificar en la conversación, con los padres. Es el gran momento que genera en las familias la buena literatura infantil donde el texto se transforma en preguntas, donde las madres y los padres tratan de expresar lo que honestamente piensan sobre la vida, lo que han aprendido en estos años.
Los libros de Oliver Jeffers constituyen una experiencia a la vez muy profunda y muy refrescante.
2. DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

Es un clásico de la literatura infantil y pronto llegará a nuestras salas de cine convertido en una película inolvidable. “Donde viven los monstruos” es uno de los más bellos libros álbumes disponibles en Chile y ha hecho a padres e hijos hablar sobre la rabia, lo que somos, y como intentamos escaparnos de lo que somos. Sin duda es uno de los libros que los niños deben leer antes de los 10 años. Aquí lo comenta Mónica Martin, periodista, madre de Julián (4) y Camilo (2) y que trabaja como consultora de la División de Educación del Banco Interamericano del Desarrollo, Washington DC.
Es bien interesante lo que pasa con Sendak. De entrada parece tosco y no resulta evidente por qué se ha convertido en un libro de culto para varias generaciones de norteamericanos. Pero después de leerlo con los niños es obvio que despierta en ellos una inusual empatía. Los míos lo adoran y cuando lo leemos, todos nos damos licencia para hacer ruidos grotescos y poner caras feas. Competimos por ser el más monstruo y nos matamos de risa.
Creo que lo que ocurre es que Sendak aborda un lado de los niños que usualmente no es tema de la literatura infantil. El lado salvaje de nuestros hijos… cuando expresan sus rabias y frustraciones de “mala manera”. Cuando gritan enojados o tiran lejos los juguetes. Cuando dejan salir su lado salvaje y nos espantan.
El relato del "día de furia" que tiene Max nos presenta el cuadro completo de un buen berrinche (el de su mamá incluido, que pierde los estribos y lo manda a la cama sin cenar), pero de pasada también nos dice “no pasa nada”. La rabia de Max tiene su ciclo: él huye a una tierra lejana y deja salir su lado salvaje en medio de quienes no le censuran sus salvajadas; tras desahogarse, vuelve en paz. Y la vida sigue.
Lo que me falta es el libro en que Sendak ilustre y relate el viaje a la tierra lejana en que la mamá de Max encuentra el sosiego que le permite reflexionar y subirle un plato de comida caliente a su “monstruo” para que no se duerma sin cenar. Me gustaría ver ilustrado ese sitio al que yo he ido tantas veces.